viernes, 30 de septiembre de 2016

La gravedad de amarte. 218



No se puede negar
que el orgullo de mi madre es su hija,
en mí nunca ha visto sinceramente
verdadero motivo de celebración,
ella es la que aprendió el Padrenuestro
con tan solo un año de edad,
la que tenía rizos en el pelo
sin trucos de peluquería,
la que se mostró hacendosa
desde muy chiquita,
la que estudió contabilidad
y trabajó en la farmacia,
la honrada madre de sus cuatro nietos
y sin embargo, lo que de mí cuenta al mundo es
lo que me costó desarrollar el peso normal,
la diarrea de muerte que tuve a los dos años,
el cariño, más de lástima que de admiración
que sentían por mí los maestros,
la intoxicación del hígado que tuve en la universidad
que me adelgazó veinte kilos,
lo enfermo que estoy,
el trato especial que cree que hay que darme
para que mis nervios no sufran,
a mi hermana le habla casi con reverencia
y vela por sus intereses con un afán irreprimible
pero a mí no cesa de acusarme
de atolondrado, vicioso y desaseado
entre atormentada y divertida
y siente tanta indiferencia por lo que hago
que me presiona con porfía para que modere mi esfuerzo
pese a que no ignora el placer que me produce
y quizá tampoco,
la salud y felicidad que me proporciona,
hasta que tú llegaste,
nadie nunca me honró de verdad ni me abrió
las puertas de su corazón
nadie tuvo auténtico respeto
a mi plena identidad
pero tú eras humilde
y te sentaste a hablar con un monstruo
sin el desprecio en tus entrañas.

It can not deny
that the pride of my mother is her daughter,
she has never seen truly in me
real cause for celebration,
it is she who learned the Lord's Prayer
with only one year old,
who had curls in the hair
without tricks hairdressing,
who showed hard-working
from very small,
who studied accounting
and worked at the pharmacy,
the honored mother of her four grandchildren
and yet, what she tells about me to the world is
how difficult was to me developing the normal weight,
the letal diarrhea I had at two years,
the affection, more by pity than by admiration
that the teachers felt for me,
the liver poisoning I had in college
which slimmed me twenty kilos,
how sick I am,
the special treatment she believes I need
so that my nerves will not suffer,
to my sister, she speaks almost reverently
and looks after her interests with an irrepressible inclination
and yet she does not cease to accuse me
of reckless, vicious and slovenly
between tormented and fun
and feels so much indifference to what I do
that is pressing me hardy for to moderate my effort
although she does not ignore the pleasure that it causes me
and perhaps also not,
the health and the happiness that it gives me,
until you came
nobody ever honored me nor opened truly me
the doors of its heart
nobody had genuine respect
to my full identity
but you were humble
and you sat talking to a monster
without contempt in your lifeblood.

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