sábado, 30 de abril de 2016

Número y corazón. 194



Romance de un poeta bonachón 

Para algunos, solo soy,
si pusieran un ejemplo,
La casa de la pradera 
pues soy demasiado bueno,
no propago la mentira,
la nariz muy corta tengo,
de la gracia de Pinocho,
por completo yo carezco,
huyen de mí los cobardes
que apariencias no protejo,
todo lo digo sencillo,
tan claro como un espejo,
dicen algunos que no es
propio de poetas eso,
quieren que esconda la vida
el que compone los versos,
quieren para el corazón
servidumbre y sufrimiento
y cuando a mí se dirigen,
herir es todo su intento,
de maldad hacen poemas
los poetas del Infierno
pero también hay poetas
que trabajan porque el Cielo
de sus sublimes alturas
baje un día a nuestro suelo,
el placer es el placer
y el sexo asimismo, el sexo,
no le hace falta dolor
al que un gozo está viviendo,
los hipócritas cobardes
que gozan escarneciendo
no conciben un deleite
que no se obtenga mintiendo,
¿hay más verdad que la que hay
en los abismos de adentro,
he de ocultar con pudor
todo lo que pienso y siento,
es poema el eufemismo,
es vergüenza ser honesto,
solo seré yo poeta
si al prepotente obedezco?
Tengo miles de poemas
y un montón grande de cuentos,
todo lo que escribo fluye
libre y claro como el viento,
trabajo por la verdad
solo al bien estoy sirviendo,
la libertad y la vida,
a la belleza, prefiero,
el placer y la bondad,
al honor del embustero,
déjenme en paz con mis letras
las almas de fariseo,
lo que a mí me da la gana,
eso es lo que hace mi cuerpo. 

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