domingo, 31 de enero de 2016

En la órbita de la esperanza. 73



Acababa de salir de la infancia
pero los tontos habían herido
como es su afán
demasiadas veces mi orgullo,
yo era inteligente y me costaba creer
que tanta gente no lo fuera,
aquella noche era angustiosa para mí,
tenía que copiar
una pila enorme de apuntes
de una asignatura optativa presuntuosa
llamada Industrias
y no me sentía capaz de acabar a tiempo,
aquel trabajo era
infinitamente tedioso para mí,
miraba la televisión mientras copiaba
palabra por palabra lo que había escrito
aquella mano desconocida,
la película sedujo mi corazón
y entró en mi memoria sentimental,
el protagonista despertó en mí
una amargada solidaridad,
en su trabajo, se burlaban de él
como tanta gente había hecho conmigo
y le hacían sentirse indigno
suspendiendo sobre su cabeza
papelitos sujetos con hilos
por ser tan introvertido y extraño
que su única diversión
era cazar mariposas,
también yo, como él, me sentía
vil para el mundo, indigno de afecto, pensaba
que me sería casi imposible hallar el amor
en aquel mundo que solo juzgaba
la forma de mis actos,
sin escuchar lo que mi alma guardaba,
todos esos sueños que me hacían valioso,
para los que nadie tenía tiempo ni interés,
por eso no me pareció tan mal
aquel secuestro de enamorado
de una mujer tan bonita,
aquella medida despótica para arrogarse
un privilegio abusivo y vergonzoso
pero que permitía comunicar
el profundo bien de un pecho
condenado a esconderse,
cuando la muchacha murió
al final de aquella aventura
todavía sin abrir su alma
a aquel hombre tan estúpido,
sentí la mayor decepción
creyendo su fracaso mío
y la indiferencia de ella,
la de todo mi mundo. 

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