lunes, 30 de noviembre de 2015

Una pulgada fuera del amor. 232



No quisiera irme nunca
porque nunca se cansará mi corazón
de expresar el bien que lleva dentro,
nunca se cansará de la claridad
de ese suave misterio que traen
las miradas que lo contemplan,
no quisiera irme porque los besos
que tengo que dar a mi amada
son infinitos,
jamás saciarán del todo mis labios,
sedientos de su dulzura
y ni siquiera le he dado el primero,
no quisiera marcharme porque en el silencio
del sepulcro ya he estado
todo este tiempo de humillación y culpa
que ha sido mi vida entera,
tan solitario, tan desesperante, tan oscuro,
tan amargo y lleno de horrores
como las jornadas del ataúd,
quisiera olvidar para siempre
la desazón de las tinieblas,
estar cada vez más cerca
del resplandor sublime,
no quisiera ver derrotada
nunca la dulce luz,
ni volver a despedirme sin motivo
de la felicidad y el placer
pero no me dejo engañar
porque no cesa la muerte
de pasar por mi lado,
sin pedir licencia ni avisar
porque en rigor no es más
que una delincuente astuta
que invariablemente logra eludir
el pago y la expiación,
ojalá ella me considere muchos años,
tantos que parezca un milagro,
demasiado pobre para robarme. 

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