lunes, 30 de noviembre de 2015

Una pulgada fuera del amor. 230



Los humanos no somos libres, mujer,
nos gobierna con intransigencia
un instinto oculto del amor y la felicidad,
nuestra razón desea el orden
pero no lo consigue hallar
si no liberamos el corazón
de nuestros intereses y prejuicios
y dejamos que él nos revele
el bien y la verdad,
yo sufrí en un tiempo pasado
amargo cautiverio de la culpa,
mi inteligencia cargaba con las mentiras
con que me herían los falsos orgullos,
no podía liberarme de su engaño
porque esperaba algo de ellos, no quería renunciar
a la recompensa moral que me prometían
pero mi padre murió muy solo
después de una vida
de sacrificios y generosidad con el mundo,
su cultivo de la humildad no le sirvió
para que en la muerte, respetaran su dignidad,
no quiso nunca renunciar a dar
sumisión a cambio de indulgencia y sin embargo,
cuando las máscaras cayeron, pocos
se sintieron en la obligación de concedérsela,
tuve claro entonces
que el hombre no tiene dueños,
ni reyes, ni dioses, ni legisladores que recompensen
el abandono de su responsabilidad,
redimí mis sentimientos, indulté mi fragilidad,
me rebelé contra la intolerancia y dejé
que gobernara solo mi pecho
porque ya no daba ningún valor
a la aquiescencia de los mezquinos,
olvidé mi obediencia a la opinión
y cultivé la integridad moral
para no morir vencido
como lo hizo mi padre,
quizá a ti te estén pegando,
humillando y oprimiendo
y no sepas salir de ahí
porque no ajustas cuentas con tu corazón,
tienes que escucharlo a él
y no, a quien te pega y maltrata,
purifica tu moral, sé dueña de ti misma, no pidas
perdón a nadie,
no pierdas la vida
por codicia de compañía. 

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