domingo, 29 de noviembre de 2015

La libertad del corazón. 201



Entre mis amigos de Facebook,
no tengo a ningún cubano de Cuba,
cosa lógica
porque Cuba es el país
más importante del mundo
y yo solo soy español,
tampoco me leen los actores famosos
porque están muy ocupados
salvando a la humanidad
y yo solo escribo poemas,
ni los políticos que salen en la tele
porque los dioses excelsos y benefactores
no se mezclan con el pueblo bajo,
ni los aristócratas y empresarios multimillonarios
para quienes yo soy invisible
por no tener su calidad,
ni los profesores de la universidad de Alicante
o de la de Murcia a donde fui
porque Azorín tira mucho
y no ven necesario salir de ahí,
ni mis primas de Mallorca
que aún no saben que he nacido,
ni Alejandro Amenábar,
que tan satisfecho se ha quedado
de hacer a Emma Watson llorar
toda la película,
ni el hijo de mi maestra
para el que yo era según me dijo
la persona más tonta
que había conocido en su vida,
ni mis profesoras de Literatura del instituto,
que ya tienen perro
y no quieren adoptar,
ni mi profesor de Historia Contemporánea,
que no entendía mis exámenes
y me suspendía sin decirlo públicamente,
ni mi amigo el de Redován,
que ahora se ha dado al fin cuenta
de que quien era de pueblo no era yo
sino su propia persona,
ni mi psicólogo el metódico
porque su cerebro está ya para el desguace,
ni los críticos literarios que cuentan
porque hablo clarito
y me lo entienden todo,
lo que se dice amigos
de los que se ofrecen como condecoración
no luzco ninguno en el pecho,
soy un humilde señor
desconocido y oscuro
al que no sacan ni en los periódicos
de su propia ciudad
porque no dejan espacio
las noticias sobre socavones,
hay bastantes que me leen
pero sin comprar mis libros
porque eso ya es un esfuerzo,
yo me voy hoy a dormir
a las ocho de la mañana,
he escrito todo el día
y toda la noche
y hasta he fumigado las habas
pero a los cubanos quizá
les parezca un perezoso,
menos mal que te tengo a ti,
que eres la chiquita
más preciosa de la Tierra,
un poquitito más guapa
que la guapísima Watson,
más inteligente que todos
los premios Nobel,
más dulce y tierna
que una niñita
y aún así me quieres
y me respetas
sin problema alguno
para tu orgullo. 

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