domingo, 29 de noviembre de 2015

La libertad del corazón. 200



Qué difícil es mostrar con palabras  
a la persona que me está mirando 
el abismo que tengo dentro, 
mi desolación, mi añoranza, mi esperanza, 
la importancia trascendental de unos sueños 
tan fútiles e infantiles para los demás, 
qué poco predispuesto está el hombre corriente 
a tolerarme mi irrazonable ansia de atención, 
mi injusta pretensión de ser tenido 
por alguien especial, diferente, 
no un poeta, no un español, no un hombre 
con todo ese lastre de servidumbre y mancha 
que carga el hombre en las conciencias 
sino yo, solo yo, 
libre de todo vínculo con el resto, 
no hay oídos en el mundo corriente 
que escuchen con atención, 
apenas desean saber de mí otra cosa 
que lo que a ellos mismos les atañe, no dejan 
espacio para el enigma que me perturba, 
para el afán que brota de mis tinieblas, 
para la sima de mi desvalimiento, 
los sentidos solo nos muestran vacío 
y la razón es tan estrecha y vil 
como la celda de un psiquiátrico 
y aún así, más allá 
nadie se atreve a internarse 
como si la esclavitud la tuvieran dentro 
y viendo ante ellos su salvación, 
no la reconocieran, 
qué difícil es hacer aparecer 
ante la mirada de los otros la vastedad 
que presiente mi aliento, la fuerza 
que como un volcán que quiere despertar, 
estremece mi interior y me hace dolorosos 
la soledad y el silencio de mi boca, 
en el mundo en el que vivo, no he merecido 
almas hermanas que creyeran en mí, 
toda mi vida ha sido 
solitaria y tediosa, 
apenas encontré luz 
en el corazón de quienes tuve al lado, 
parecían habitantes 
de planetas desiertos, 
sin infancia, sin inocencia, sin ilusión, sin alegría, 
sombríos, llenos de odio, obvios, cautivos, 
tú encierras en tu pecho 
la misma inmensidad en la que habita mi alma, 
tus sueños son 
el mismo fulgor que a mí me deslumbra, 
no nos hace falta hablar de ellos, 
el lenguaje no añade nada, 
tu mero roce, sin pronunciar una sílaba 
evoca esa tierra oculta 
en su completa extensión 
y es fácil reconocer su esencia 
mientras me palpita dentro 
al verla en ti reflejada 
y sin esfuerzo alguno, 
unas pocas palabras que inventó la humanidad 
resuenan entonces dentro de mí 
cargadas de certeza 
para saciar mi entendimiento, 
el amor, el bien, 
la felicidad, la eternidad... 

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