domingo, 30 de agosto de 2015

El placer en el bien ajeno. 256



Ni un minuto quisiera estar
ocupado en los asuntos de los otros
mientras mi corazón duerme
y mi espíritu yerra en el vacío,
la vida es para los afanes de nuestro pecho
y no, para los intereses huecos
en que nos involucra el prepotente,
cuando me alejo de tu dulzura
para enfrentarme al estrépito odioso
de las almas zafias,
tan preocupadas por sí mismas,
tan ásperas, tan frías,
tan estúpidamente fieles
a las máscaras de la fuerza,
tan miserables y cobardes,
tan violentas, tan mezquinas, tan necias,
tan hipócritas, tan mentirosas,
se me enfría la felicidad
y la nostalgia de la ternura
fatiga mis adentros. 

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