domingo, 31 de mayo de 2015

Jardín conmovedor. 235



Qué insignificante es
el hombre que se ceba en el débil,
qué ansia de notoriedad
posee su espíritu cobarde,
cómo goza del dolor que causa
quien no sirve para nada,
él no sabría amar
tan verdaderamente como nosotros,
colmando de honor al otro,
ensalzándolo sin reservas
pues vive solo para sacar de la ruina
su mezquino orgullo,
tú y yo tenemos
las almas sencillas,
no queremos para nosotros
la dignidad de los demás,
nos queremos sin ufanarnos
de poder alguno,
humildes como los niños,
mansos como el amanecer,
inofensivos como las flores,
delicados como la brisa
pero el hombre que no se respeta
no sabe de afecto
y, aunque se afana por la gloria,
deja en el mundo la misma huella
que el vil excremento. 

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