lunes, 30 de marzo de 2015

Grietas para un muro. 6

Si el mundo no sale de la esclavitud,
los entendidos dirán de mí tras mi muerte
que fui un poeta
sin la debida importancia
porque estuve al margen de las corrientes
y no seguí doctrina alguna de mi tiempo,
dirán que no cumplía
con todo el rigor debido
con los requisitos formales
que aherrojan el pecho de los poetas
y ahuecan sus versos
y que, justo por eso,
no merezco el honor de los grandes,
que asumen como un deber
obedecer y someterse renunciando a la libertad,
que para ellos es
la patria de las trivialidades,
dirán que mi cabeza no era fría,
que hablaba demasiado de sentimientos
como los pueriles niños,
que me dejaba llevar
por la fragilidad y la zozobra
y que eso me alejó
de la virtud de los mejores,
que no sienten ni padecen
y, si un sentimiento sencillo deslizan
entre sus muchas palabras secas,
es premeditado y fingido,
producto del árido razonamiento,
si no muere la esclavitud,
no dirán quién fui en las escuelas,
ni me leerán en los institutos,
ni se interesarán por mí
en las universidades,
todos esos sitios donde yo me sentí
un extranjero despreciado
porque me faltaba el pragmatismo
que hace a los hombres indolentes. 

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