martes, 31 de marzo de 2015

Grietas para un muro. 11

Hay muchos que piensan 
que el trabajo de un poeta es 
menos importante y digno 
que el de un agricultor o un abogado 
y hasta a un cura le reconocen 
un sacrificio mayor, 
hay muchos que no dan 
casi ninguna importancia 
a lo que hace un poeta 
porque no suda escribiendo, 
ni se fatiga, ni se siente humillado, 
ni pierde de vista su corazón, 
dicen que debo admitir 
mi deuda con los que sí lo hacen 
y que son ellos los que merecen 
el honor y la estima del mundo, 
dicen que no es trabajo 
lo que hago yo con mi vida, 
que mi vocación es un placer 
y he de aceptar por ello 
todo el agravio que quieran hacerme, 
los que dicen esto 
son amigos del sufrimiento, 
ensalzan el dolor del alma y el cuerpo, 
honran la cautividad del hombre, 
su sumisión, su oprobio, su degradación, 
renuncian a la esperanza, al Paraíso, 
al amor, a la libertad, a la inocencia, 
los que así hablan 
no quieren su propio bien, 
entregan su aliento al arrastre 
de su vil cadena 
sin fe en el amanecer, 
ni en la primavera, ni en los pájaros, 
tan solo en la maciza puerta 
que cierra su ataúd para darle 
la oscuridad eterna. 

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