viernes, 27 de febrero de 2015

Estante luminoso. LXXXIV

A Gladys Arce 

Quien no me quiere querer 
ni me inculpa ni me agravia, 
tengo un alma justa y sabia, 
nunca falto a mi deber 
no siembro más que el placer 
con simiente de esperanza, 
quien me niega la confianza 
de su helado corazón 
sigue su libre opinión 
pero sin más relevancia. 

Que me desprecie quien quiera, 
autorizo a cada quién 
a que muestre su desdén, 
mi conciencia está ligera, 
mis días son primavera, 
mi camino es luminoso, 
mi aliento es el de un coloso, 
que me acometa altanero 
el arrogante más fiero, 
poco me importa su acoso. 

Mi camino es el amor, 
sigo mi senda seguro 
buscando el afecto puro 
tras un pasado de horror, 
no quiero ver otro honor 
que el de lograr ser amado 
y, si de alguien soy odiado 
como lo he sido en mi infancia, 
no verá en mí la arrogancia 
de quienes me han maltratado. 

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