martes, 30 de diciembre de 2014

Refugio de sensatez. XVIII

Al idiota infeliz y dañino 
hay que enseñarle la senda del sabio 
para que cese de una vez 
de atormentarse y atormentar 
haciéndole saber sin pudor 
cuando, ufano, exhiba su insidia 
que, para su vanagloria, no existe 
lógica, motivo ni fundamento, 
no hay alma más fría y mediocre, 
más áspera, indolente y depravada 
que la del desleal a sí mismo, que cree 
que ser solo él merece el peor castigo 
y hace de su libertad 
una huida de su corazón, 
los hombres temen la verdad porque imaginan 
que esconde decepción y amargura 
pero, al contrario, ella es 
su única salvación. 

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