lunes, 29 de diciembre de 2014

Refugio de sensatez. XV

Desprécieme el mundo, 
inspírele solo desdén 
mi anhelo de dignidad, 
máteme en sus corazones 
y entiérreme en sus entrañas, 
cierre los ojos a mi victoria honesta 
contra sus humillaciones, 
diga que no soy nada, 
que nada valgo ni merezco, 
vuelva hacia otra parte sus rostros 
con la frialdad de un adiós, 
poco me importa 
su ojeriza despechada, 
no son más que niños grandes 
en su pandilla de los domingos. 

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