martes, 30 de diciembre de 2014

Fruta madura. CV

No se puede amar ni ser poeta
sin ganas de vivir,
obedeciendo al prejuicio
y entregándose a la servidumbre
de la razón de los otros,
no se puede alcanzar el Edén
si seguimos el sendero
por el que los otros nos guían
desentendidos de lo que nos pide
a gritos el corazón,
no es camino para la ventura
la mansa sumisión
a la corriente y el consenso
porque se nace uno
y también uno se ha de morir,
yo no soy escritor
para halagar a las masas,
no quiero un éxito fácil,
no sigo estrategia alguna,
nací en un mundo con guerras,
con odio e intransigencia,
que, pese a ser tan gris,
dormía en el conformismo,
carente de sueños, sofocada
la ilusión y la esperanza,
no son mejores estos tiempos
donde los hombres recomiendan a su amigo
que se aleje de su instinto,
cargados de razones, afectando
velar por su bienestar,
pidiéndole que atempere
y atenúe sus afanes,
que se pliegue a una existencia
sin luces ni sombras,
anodina y explicable,
limitada y práctica,
se ansía escuchar versos de amor
mientras, en la Tierra, triunfan
los sentimientos mediocres,
egoístas y prosaicos,
interesados y pragmáticos,
no se puede amar ni ser poeta
sin creerse conformado
de luz y de brisa,
cuanto sujetan las manos
es solo barro y sufrimiento,
servidumbre y freno,
ni tú ni yo
comerciamos con el amor,
tú colmas de bienes mi existencia
y yo te reverencio y exalto
como lo más sublime del universo,
nos deseamos el Paraíso
sin mezquinas reservas,
no nos ponemos límites
a la felicidad,
caminamos de la mano
por un camino de estrellas
que no se termina nunca,
en nuestro pecho, arde libre
la llama de nuestra emoción
y no hay bien que no esperemos
de la gozosa existencia. 

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