lunes, 29 de diciembre de 2014

Fruta madura. CIII

No hay un poeta en la Historia 
ante el que yo me humille, 
mis versos tocan las estrellas 
como los del más reverenciado, 
tu nombre brilla en la cumbre, 
no has de inclinarte ante nadie, 
los ángeles más altos te envidian 
porque no es tan grande su pureza, 
no tenemos un dueño 
que ofenda nuestra dignidad, 
somos seres inocentes, 
honestos y bondadosos, 
no nos agravia un límite, 
no nos cercan afrentosas orillas, 
vivimos la eternidad 
como dioses infinitos. 

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