miércoles, 31 de diciembre de 2014

Estante luminoso. XIII

Me duele la altanería 
del hombre que no me aprecia, 
que me atribuye vileza 
y que, en el mar, dejaría 
perecer la vida mía, 
me hace daño el duro agravio 
de quien se jacta de sabio, 
que, fatuo, me tenga en poco, 
que juzgue que me equivoco 
y tuerza ufano su labio. 

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