lunes, 30 de junio de 2014

Las musas corrosivas. XLII

Por consenso universal, queda claro
que amar el fútbol es connatural
al hombre sencillo, bueno y cabal
y despreciarlo, al desabrido y raro.

Mas ¿habrá en el mundo mayor descaro
que pensar que se hace daño ni mal
o que no se es puro, honesto y normal
por detestar, del absurdo, el amparo?

Pues ¿que hay de puro en anhelar ansioso
la humillación de once hombres inocentes,
qué, de honesto en el sentir envidioso

de quienes el mal desean ardientes,
qué, de normal en seguir angustioso
a un baloncito entre sus pretendientes? 

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