lunes, 30 de junio de 2014

La claridad que me inunda. CCXXIX

Abriste tu corazón
a mi desolación,
desataste en mis entrañas
los sombríos nudos de la culpa,
me mostraste un respeto
despojado de falsedad,
tu luminoso pecho
desconocía el desprecio,
todo lo que había en él
era afecto y tolerancia,
aliviaste mi angustia,
me liberaste
de la desesperación
ofreciéndome un dulce refugio
para mi dignidad herida,
nunca te ha guiado
la voluntad de humillarme,
apaciguas mi ansiedad
como una tiernísima madre,
solo me impones la bondad
a que mi corazón se debe
y la fortaleza
que la vida me exige,
eres agua para mi alma,
aliento para mis venas,
brisa para mis alas libres,
eres el ángel de miel
que ilumina el mundo,
en ti descansa mi llama
del dolor de su fragilidad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario