viernes, 28 de febrero de 2014

Luces de conciencia y vida. CLIV

 Los hombres nacemos
con los puños cerrados
para no coger nada del mundo;
nuestra propiedad es el viento,
la luz, la esperanza,
nuestra hacienda no es más
que un corazón frágil
afanado por su meta
esquiva y remota;
no puede el hombre tener,
no es dueño de nada,
un alma entregada
a un egoísmo dañino
no encuentra nunca la miel
de la verdadera dicha.

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