jueves, 27 de febrero de 2014

Luces de conciencia y vida. CLII


Quiere leer poemas finos
el honradísimo capataz
y echa mano de mis versos
como si fueran su coto,
quiere sentirse galán
que enamora a su señora
y se llena la cabeza
con mis requiebros de miel;
quiere estar a las duras
pero no a las maduras
y, cuando mi voz se levanta
contra el capitalismo vil,
esclavista y mentiroso,
depravado y opresor,
el buen hombre se escandaliza
y se despide de mí
con un cínico yo soy
el primero que lo sabe,
me cierra su puerta el hombre
y se olvida de mis versos
que, desde entonces, ya son
una cosa de apestados;
comerás con el sudor
de la frente de los otros,
dice la Biblia del rico,
pero mi plectro no quiere
sudar para miserables.

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