viernes, 28 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLXXXIV

La culpa atormenta
mi desdichado pecho, 
fuertemente lo aherroja
y lo hostiga con su carga
pero tu inocencia rompe 
los hierros macizos,
tu dulzura alivia
el sombrío peso;
ya no quiero nada
entre mi alma y las nubes,
quiero rozar el cielo,
ver cómo amanece
en mis sedientas venas;
has traído fe
a mi frente dudosa
e insobornable orgullo
al corazón que me late,
has devuelto a la vida
la raíz de mi aliento;
exiliaré de mis días
el remordimiento oscuro;
dueño de mi valor,
he de hacer de mi instinto
mi camino expedito.

2 comentarios:

  1. Siempre existe un luz entre las sombras que se encarga de hacernos sentir vivos.
    Siempre hermoso tus versos Luis, te deseo un buen fin de semana!
    Besos.

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