martes, 25 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLXXVII

Te he presentido muchas veces
en mi solitaria vida;
cuando septiembre sembraba
inquietud en mi corazón
presagiando el frío otoño 
que lleva desolación y tristeza
a los caminos y campos,
yo te presentía. 
Cuando la brisa de mayo
acariciaba las flores
y mi pecho intuía,
al llegar el atardecer
la plenitud de la vida
en el aroma del aire
y la calma del mundo,
yo te presentía.
Cuando una dulce añoranza
de belleza y grandeza
subyugaba mi corazón,
atormentado y desierto,
que se afligía y gemía
por la mezquindad de los hombres,
yo te presentía.
Te he presentido muchas veces,
en el brillo dulce
de unos ojos hermosos,
en el ardiente misterio
de las noches de invierno,
en la turbadora sensualidad
del verano poderoso,
en el sutil dolor con que martiriza
sentirse nada.
Te he presentido muchas veces
porque eres mi fundamento
y ansiaba tu venida,
que ha redimido mis venas
y ha llenado de sentido
mis días sobre la Tierra.

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