lunes, 30 de diciembre de 2013

Entre almas de hierro. XXII

Si ser débil era una culpa,
si los errores merecían la ira,
si el fracasado debía avergonzarse,
si un corazón orgulloso
no encontraba jamás el instante 
para ceder a la fragilidad,
¿qué era el mundo
sino un reino infernal
donde se torturaba las almas?

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