domingo, 29 de diciembre de 2013

Entre almas de hierro. XIX

Y, cuando mi pecho encontró
un remanso de armonía
en medio de la más opaca oscuridad
y se abrió
a toda la desolación que lo abrumaba
mientras contemplaba 
el vacío que se extendía
hasta donde alcanzaba a ver,
las lágrimas
manaron irreprimibles de mis ojos
y hondos sollozos
me estremecieron el aliento.

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