lunes, 30 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LXXV

Paloma y aire juegan,
bailan, retozan,
nada embaraza en las alturas
su aliento de libertad,
el mediodía sonríe
con labios de primavera,
las nubes excelsas
no conocen la aflicción,
los campos llenos de flores
se bañan de luz serena;
he dado todo mi pecho
a una dulce golondrina.
 
De miel es la aurora,
el amanecer rebosa
de esperanza y alegría,
el rocío rutila
sobre las hojas de hierba,
las alas de los gorriones
llevan júbilo en las plumas,
el clamor de la vida
va de confín a confín
y la noche no lo detiene;
he dado todo mi pecho,
a una dulce golondrina.
 
Negro océano de estrellas,
en la madrugada eterna,
brisa de perfumes leves,
la luna es un blanco velero,
las enigmáticas sombras,
sosegadas, se sumergen
en el valle de los sueños,
ríe el firmamento entero,
el regazo de la tierra
está preñado de gozo;
he dado todo mi pecho,
a una dulce golondrina.

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