domingo, 29 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LXXIV

Donde no alumbra la luz
de las explicaciones,
donde lo que ven los ojos
desaparece y se olvida,
donde la felicidad no es
patrimonio del prejuicio,
allí nos lleva nuestro amor.
 
Donde la crueldad no tiene
refugio donde esconderse,
donde la trivialidad no existe,
ni el frío, ni el vacío,
donde la ternura ampara
la desazón de nuestras almas,
allí nos lleva nuestro amor.
 
El corazón nos transporta,
como en alas de mariposa,
fuera de este mundo triste,
evidente y razonable;
donde los locos aún pueden
sentir hondo su esperanza,
allí nos lleva nuestro amor.
 
Trenzándonos nuestros dedos,
rozándonos nuestros rostros
con el corazón de la infancia,
paso a paso recorremos
los senderos de la libertad;
donde el júbilo se hace eterno,
allí nos lleva nuestro amor.
 
La miel de nuestras bocas
se derrama en nuestros besos,
nuestro pecho se remansa
y, olvidándonos del mundo,
nos escapamos al cielo;
donde la vida desborda,
allí nos lleva nuestro amor.

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