domingo, 29 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LXXIII

Honda debilidad
palpita en mi corazón,
prisionero es, eterno,
del dolor y la flaqueza.
Soy alma expoliada
a la que atormenta el frío
y el vacío desalentador. 
Tengo herido el ser,
alcanzado por la saeta
del desánimo enervante.
Vagos temores me inquietan 
en este camino de soledad,
mi pecho siente la angustia
como el de un niño perdido.
Enferma tengo la entraña,
víctima de la fragilidad,
mis fuerzas siento atenuadas,
mi voluntad vacila,
no soy roca poderosa
sino impotente mariposa.
Ansío la felicidad
y junto a ti brilla, inmenso,
un sol de la esperanza;
poco valgo, poco alcanzo,
poco pueden mis pobres manos,
mis pasos son torpes y desolados
cuando avanzan solitarios,
pero tú le das la fortaleza
a la llama que me anima,
tú vuelves de acero
la fe que empuja mis venas
y haces realidad para mí
este mundo que nos explica.

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