viernes, 27 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LXIX

La costumbre erosiona
y cubre de niebla
los colores de la vida;
duerme el corazón sin saber
cuanto ama, cuánto adora,
cuánto necesita al otro,
qué poco vale este mundo
sin su dorada presencia;
la costumbre es un prestamista gris
al que retribuimos
con nuestra infelicidad;
que no se vaya este amor
de nuestro pecho
por el placer de una mecedora,
que no se extinga en nuestras venas
esta dicha
por una caricia obligada,
que no embote nuestro instinto
la servidumbre a las cosas.

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